FÍSICA Y QUÍMICA

Esto es lo que Produce el Azúcar a Nuestro Cerebro

Imaginad por un instante que estáis delante de una jugosa y crujiente galleta, una suculenta tarta de chocolate con lacasitos por encima o un cono de helado de vainilla con una rojiza fresa. ¿No se os hace la boca agua?, ¿estáis deseosos de comeros un postre?, ¿por qué? ¿por qué los alimentos azucarados son tan irresistibles? ¿qué provoca el azúcar en nuestro cerebro?

El azúcar es un término que se usa para describir a una clase de moléculas llamadas hidratos de carbono que suelen encontrarse con suma frecuencia en una gran variedad de comidas y bebidas. Es suficiente con echar un vistazo a las etiquetas de los productos que tenemos en casa. Muy probablemente encontremos glucosa, fructosa, sacarosa, maltosa, lactosa, dextrosa y almidón. Todas estas sustancias son formas diferentes de azúcar.

El azúcar activa el sistema de recompensa del cerebro y lo hipnotiza

El jarabe de maíz contiene un alto índice de fructosa así como los zumos de frutas o la miel. Sin embargo, el azúcar no sólo está presente en los dulces y los postres, ya que es muy común encontrar productos azucarados como el yogurt, el ketchup, las barritas de cereales o demás productos que solemos consumir prácticamente a diario. ¿Qué ocurre cuando el azúcar entra en contacto con nuestra lengua? ¿qué le sucede a nuestro cerebro?

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Fuente: Kerdkanno/Pixabay

Imaginaros que nos comemos una cucharada de cereales azucarados. Los azúcares que contiene activan las papilas gustativas presentes en la lengua, éstos envían rápidamente una señal al tronco cerebral y desde ahí se bifurca hacia muchas áreas cerebrales internas, una de las cuales es la corteza cerebral. Es en el cerebro donde podemos encontrar diferentes secciones que procesan diferentes sabores como amargo, salado, sabroso y dulce.

A partir de ese momento, la señal activa el sistema de recompensa del cerebro, el cual está formado por una serie de vías eléctricas y químicas que surcan varias regiones diferentes del cerebro. Estas conexiones son altamente complicadas, pero básicamente producen que nos hagamos una pregunta subconsciente: ¿Debería volver a comérmelo? Esa sensación placentera que sentimos al probar un buen cacho de tarta de chocolate negro, es el sistema de recompensa que contesta: mmmm, ¡sí!

Y no sólo se activa solamente cuando comemos. La socialización, el comportamiento sexual y las drogas, son sólo algunos ejemplos de cosas y experiencias que también activan el sistema de recompensas. Para activar este sistema de recompensas se disparan también una serie de eventos desafortunados: pérdida de control, deseo y aumento de la tolerancia al azúcar.

Volvamos a la cucharada de cereales que nos hemos comido antes, ésta va circulando hacia el estómago hasta llegar al intestino. ¿Y adivinad qué? Allí también tenemos receptores de azúcar. No hay papilas gustativas, pero sí tenemos otro tipo de receptores que envían señales hacía el cerebro.

El azúcar actúa como una droga para nuestro organismo

La moneda de cambio principal de nuestro sistema de recompensa es la dopamina, un neutransmisor con un papel muy importante. Hay muchos receptores de dopamina en la parte anterior del cerebro, pero no están distribuidos de manera uniforme. Algunas áreas tienen densos grupos de receptores y estas zonas activas de dopamina son parte del sistema de recompensa.

Drogas como el alcohol, la nicotina o la heroína, envían gran cantidad de dopamina de forma instantánea hasta llevar a algunas personas a buscar constantemente ese estímulo. En otras palabras, crean adicción.

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Fuente: Geralt/Pixabay

El azúcar también provoca la liberación de dopamina, aunque no de forma tan violenta como las drogas. El brócoli, por ejemplo, no tiene ningún efecto y eso quizás explique por qué es tan difícil que los niños coman verduras. Imaginaros de nuevo que tenéis hambre y decidís ingerir un plato de comida equilibrada. Eso hará subir los niveles de dopamina en las zonas activas del sistema de recompensa. Sin embargo, si comemos lo mismo muchos días seguidos, los niveles de dopamina subirán cada vez menos hasta que llegue al punto que se nivelarán.

Eso es debido a que en cuestión de comida, el cerebro ha ido evolucionando con el paso de los años para prestar especial atención a gustos nuevos o diferentes. ¿Por qué? Por dos sencillas razones: la primera de ellas es para detectar comida en mal estado. La segunda, en cambio, es porque cuanta más variedad tengamos en la dieta, más fácilmente podremos obtener todos los nutrientes que necesitamos para sobrevivir.

Con el objetivo de mantener esa variedad tenemos que poder reconocer nuevos alimentos, y más importante aún, tenemos que querer seguir comiendo nuevos alimentos. Y es por eso que bajan los niveles de dopamina cuando un alimento se vuelve aburrido.

¿Qué pasa si en lugar de un plato saludable, comemos alimentos ricos en azúcares? Si alguien no le gustan los dulces o no suele comer muy a menudo, el efecto es similar al de una comida equilibrada.  Pero si uno consume demasiado azúcar, la respuesta de dopamina no se nivela. En otras palabras, comer mucho azúcar seguirá siendo recompensado por nuestro organismo.

De este modo, el azúcar se comporta un poco como la droga. Es una razón por la que la gente queda enganchada a los dulces. Así que, sí, el consumo excesivo de azúcar puede tener efectos adictivos en el cerebro, aunque a nadie le amarga un dulce de vez en cuando.

Información obtenida del vídeo realizado por Nicole Avena para TEDEd

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